Dormir junto a los volcanes

 

20 octubre 2017

Las vivencias admitidas de mi etapa profesional en Lanzarote, en el 85/87, no son más que cuatro cuentos de las muchas que viví y nunca he contado. Algunas fueron sucediendo sin que supiera muy bien si llegaron a a ser ciertas.
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La excitación laboral era tal que nos movía  la sesera de modo que cuando llegaba algún momento de reflexión, sentados en alguna mesa del comedor de los obreros, donde solíamos comer y cenar todo el equipo, cada uno contaba sus historias al amparo de la última copa, alimentando cierta irrealidad a sus cuentos. Todos hablaban de lo que no tenían, hablaban de sus niños, de sus amores, hasta de sus padres y de todo aquello que les molestaba no haber usado bien con anterioridad. Parecía que había un pacto oculto en que esas charlas nunca deberían trascender, se contaron cosas tremendas, íntimas, duras, incluso crueles y algunas muy misteriosas . Nadie se reía, todos habían vivido cosas muy extrañas.
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Una madrugada, tras debatir las reflexiones sobre las cuestiones laborales del día, les conté lo que me había sucedido en mi último viaje a la península y me gané el premio de la noche:
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Les contaba que estando sentado en la sala de espera del pequeñísimo y coqueto aeropuerto isleño Lanzaroteño, vi a un enorme guanche, mas o menos de mi edad, ya no era un crío, de pelo medio  rubio y cara morena que sentado en el banco que había junto al cristal que separaba las vista del interior hacia la pista de aterrizaje, tenía sus manos puestas en el cristal mientras parecía no poder evitar que unas casi imperceptibles lágrimas le cayeran por sus mejillas.
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Los viajes desde Lanzarote hasta Alicante, uno por semana, eran, en aquella época, largos y con varios transbordos, (Lanzarote, Las Palmas, Madrid, Alicante – Alicante, Sevilla, Las Palmas, Lanzarote), y eso te permitía leer, preparar los informes, hacer las relaciones valoradas, las certificaciones de obra y hasta observar a todo el mundo que se movía a tu alrededor.
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Me acerqué hacia el guanche y le pregunté, tras ciertos titubeos y mientras valoraba la oportunidad de hacerlo, si le pasaba algo. Sin dejar de posar sus manos en el cristal me dijo, tras tres o cuatro largos segundos que parecieron una eternidad: “Ella se ha ido, me dejó, dijo que volvería. Pusimos nuestra manos en cada lado del cristal, allá las suyas, acá las mías y nos dimos un beso a través del cristal mientras nuestras manos dejaban su huella en él.
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(No sé si fue exactamente así, o si a mi me lo pareció, pero así se lo conté a todos)
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Mas tarde, nos sentamos en la preciosa cafetería del aeropuerto y estuvimos charlando. Él me contó lo que la quiso y todavía no se explicaba como la dejó marchar. Me contó que eso había sucedido en el año 68, que vivieron tres semanas de amor encendido y puro, pero ella nunca volvió. Ella se casó en Marruecos con quien su padre le dijo y no la dejó regresar nunca a la isla de los volcanes. Nunca se escribieron, solo un amigo de ella, que vino de turismo y que vivía cerca de ella, en Chaouen, hace unos años, le dio algún mensaje que le permitió seguir viviendo. Luego me contó, en un alarde de prosa para recordar y que nunca seré capaz de hacerlo con exactitud, que ella murió, creía que de amor, hacia un año ya que se enteró gracias a su amigo de Chaouen, que vino especialmente a contárselo a él, hacía unas semanas, con un último mensaje de ella.
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“Desde entonces, desde que me enteré que había muerto,  vengo aquí cada día”
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– Y al ritmo de los aviones y sus emocionantes despegues, los anuncios de un nuevo “delayed” y el calorcillo de los tres o cuatro Tom-Collins que nos habíamos regalado, hicieron el resto. Él, mi amigo del aeropuerto, fue el primero que me habló de los restos de humedad  que hablaba Milanés en una de sus más bellas canciones …
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Esas fábulas, o cuentos, o realidades que nos contábamos en grupo, en soledad, ese grupo de compañeros alejados del mundo y en plenitud de vida, nos sirvieron mucho para apreciar lo que teníamos y que aún todos conservamos y quizás ahora, a nuestra edad, muchos más. Nunca olvidaré esas largas noches junto a los volcanes.

 

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Acerca de etarrago - etfreixes

""Grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y necesito, al menos, creer en mi protesta""" (Albert. Camus)
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17 respuestas a Dormir junto a los volcanes

  1. Cosas que pasan y que de una manera u otra siguen pasando, pero nada de eso vende, ni es “trending topic”, quedan para nosotros. Que tus vivencias sean ciertas me las creo y que las largas noches de los volcanes y las hojas de mi libro dejado a un lado de la cama vuelva por la mañana a las hojas ya leídas a pesar de tener un marcador de lectura…también. No consigo descifrar su mensaje. Es posible que me puedas echar una mano en virtud de tu experiencia, pero no es la primera vez. Ahí te lo dejo, no sé si muriendo de amor o viviendo de recuerdos. Hasta luego.

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    • etarrago y etfreixes dijo:

      Morir de Amor, si es que algún día nos toca vivir esa experiencia, querida amiga Paz, como parece que así será salvo que descubran antes la píldora de la inmortalidad, es cuasi un sueño. No debe haber mejor manera de morir y aunque sea un tópico y que en los tiempos vigentes es más bien una utopía, a mi me gustaría que, en mi caso y en el de muchos de mis amigos, así fuera aunque sólo fuera para demostrar que eso es posible.
      En cuanto a los misteriosos “ut legitur in pages” es, sin duda, un mensaje de tu propia conciencia que se niega, seguramente, a entender lo que se le transmite. Si te sirve, a mi me sucedió lo mismo cuando leí “La Catedral” … casi mil páginas en dos noches y cuando cuasi estaba terminándolo, el separador me volvía al principio donde los bastaixos trasladaban los sillares hasta el lugar de la construcción de la bella Iglesia de Santa María del Mar, lugar que, por cierto, fui bautizado en el 49.
      La vida sigue y como decíamos en las cartas de antaño … ADG.
      Feliz viernes, amiga.

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  2. Enrique, cuando leo tus relatos, parece que estoy leyendo una novela, me encantan, atrapan mi atención desde el primer momento.

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    • etarrago y etfreixes dijo:

      Me alegra saber que así lo crees, Sensi, es mi memoria, (siempre selectiva), la que me juega estas “buenas pasadas”. Quizás la realidad sea lo más parecido a lo que recuerdo y cuento, pues mi memoria sólo me permite acordarme de lo bueno.
      Feliz viernes singular y creativa bloguera-youtuber.

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  3. La Rubia dijo:

    Tus historias son un chute de energía, de positivizar un rato malo que tengamos.Un abrazo Enrique

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  4. Mariano dijo:

    El mundo vibra millones de historias: cada persona que va y viene la calle es una antología de vida que está disponible para el que quiera oírla.
    Sucede que pocos tienen la empatía como la que tú has mostrado en esta nota para ver la fibra de esa vida y traerla a nosotros.
    Gracias por eso.

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  5. Mariano dijo:

    Las páginas nunca son del todo viejas, pregúntale sino a Cervantes o a Platón…

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  6. El verdadero amor no se acaba con la muerte, persiste aún más allá. Hermoso relato, Enrique, triste, tierno, llega al alma.
    Abrazo de luz intensa.

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    • etarrago y etfreixes dijo:

      Estás segura, amiga Silvia. Ya sabes, a mi me da mucho miedo estas cosas, pero quiero creer que tienes razón.
      Un abrazo de sábado

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      • Hola Enrique, Sí, total, completa y absolutamente segura. Yo sé que vamos a estar juntos en Intervidas y en otras reencarnaciones, de hecho, aún está conmigo todas las noches, platicamos, hacemos poesía y seguimos en comunión.
        ¿De dónde crees que salen los poemas firmados por él? los canalizo, no son míos, son de él, así que sí, querido amigo, estoy segura.
        Abrazo de luz y feliz finde

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  7. Nunca defraudan tus historias, Enrique. El amor aquí una vez mas haciendo de las suyas, aunque en este caso no de la forma deseada.
    Por otra parte: veo que eres muy fan de Pablo. 🙂

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