Solo estar, ser

Fotografía de etf – (Playa San Juan-Alicante)

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24 septiembre 2022

– Me maravilla advertir que aún puedo sentir; me resulta admirable que el sol se obstine en madrugar conmigo y me deje contemplar su inmensa belleza cuando lo hace; me maravilla saber cuan feliz se puede ser con muy poco; resulta apasionante poder recordar que hubo un tiempo, ayer, que hizo posible este hoy; que aquel libro que nunca escribí sigue ahí, escrito en mi alma; me alegra saborear el ruido del viento que me habla de los pensamientos que nunca tuve y entender el sentido de las almas que me quieren; que es realmente bello saber que, hoy, la vida sigue y yo con Ella… sin prisa, sin apretarse en el mundo de los deseos, ni de lo inalcanzable, solo estar, ser. Eso, sin yo saberlo, es mucho.

– Cansado, ocupado, castigado, quizás tarde en volver.

 

@etarragó


Cuatro de mis mejores refugios


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Prisión invisible

Sublime:
«Nos adormecimos en ese sueño y lo perdimos. Fuimos sutilmente encarcelados en pequeñas pantallas y no nos dimos cuenta.

Hacer notar que el grosor de los barrotes crece directamente proporcional al tiempo que se pierde dedicado al vacío, ofende en muchos casos. Horas perdidas en memes, juegos, vidas ajenas, peleando por el primer puesto en likes, y la cantidad de ridiculeces que hacen, hasta poner sus vidas en riesgo por tener un lugar en el podio de la estupidez.»

Vecca Preetz

Reflexión

“La mejor manera que un prisionero no escape, es asegurarse

que nunca sepa que está en prisión”

Dostoievski

La frase pertenece al libro “El idiota”, del escritor ruso Fiódor M. Dostoievski, publicada en 1868, y relata la vida del príncipe Mishkin. Más allá de la historia que origina la frase en una sociedad perversa y desdeñosa, es una reflexión que me hizo pensar en la actualidad y quise venir a reflexionar con ustedes. Me encantará leerlos en comentarios.

En otros tiempos el esclavo era consciente de sus cadenas y luchaba para liberarse. Tenía sueños por alcanzar y, a pesar de las hostilidades, su mente no descansaba. Así logró romper cadenas, ser escuchado, cambiar leyes y obtener su ansiada libertad.

Hoy vivimos una realidad que nos esclaviza imperceptible, dejando expuesta en la superficie la escasa ambición del ser humano por mejorar el sentido de la libertad.

Nos adormecimos en…

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Tony y las moscas

Otro texto para releer

Vecca Preetz

Terror realista

Lo que más le molestaba era la cantidad de moscas que entraban.

A la casilla, en la que Tony vivía con su mamá, le faltaba el plástico en el hueco de la ventana. Era difícil respirar el aire que llegaba desde el basural. Sin embargo, él siempre la pasaba bien.

Un domingo jugaban con una pelota rescatada de la basura y cuando atajó el pelotazo de su mamá, tres moscas quedaron aplastadas entre su pequeña mano y el balón. Se miraron asqueados y estallaron en carcajadas. Le encantaba verla feliz. Ella no reía muy seguido, entonces comenzó a correr mientras aplaudía para atraparlas. Carmen lo miraba expectante y se le ocurrió un juego mejor: se lamió las palmas, las apoyó sobre los restos de azúcar en la mesa, y se acostó en el piso con los brazos abiertos, cuidando de no tocar las paredes de chapa que hervían…

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Se es o no se es, no importa el día

15 septiembre 2022

– Se prometía un día tranquilo. Decidí ir a comprar tomates, higos, ciruelas, plátanos y lechugas del tamaño de una perdiz, que me pirran… y las compré.

– Me paro a leer los wasaps insistentes que por mi oído bueno me van llegando y pensé lo peor.

– No, no pasaba nada, solo mi amigo Lesmes (profesor universitario retirado y gran amante del purismo idiomático), que me dejaba una nota para que corrigiera algunos textos de mis blogs: «Enrique, como indica la Ortografía de la lengua española, el punto, la coma y el punto y coma se escriben siempre después de las comillas de cierre» (es como un látigo).

– Me fui al Hospital, tenía cita para recoger determinado informe vital en Neumología, el cual me era necesario para la renovación del carné de conducir que, de seguir así (ahora lo renuevo cada dos años) igual me lo hacen renovar cada año o cada mes.

– Y allí sucedió lo mejor y lo peor del día. Me encontré con Marisa, una vieja compañera de labor profesional, a la que le había perdido la pista desde, al menos, el 2006:

  • Hola Enrique, sabía que andabas muy mal (nunca nada más cierto-pensé) pero … te veo guapísimo, estás hecho un chaval.

– Hablamos durante un largo espacio de tiempo sin que nos diéramos cuenta del tiempo transcurrido. Repasamos la mitad de nuestras historias, de nuestros proyectos, de nuestras obras en el «más allá» (lejos de casa), y hasta tuvimos tiempo de reírnos con grandes carcajadas al recordad cuando presentamos en el Don Pancho el Proyecto de Villa Corfú para Benidorm y se nos olvidó el DVD de presentación.  Entre los dos, tuvimos que improvisar una sesión inenarrable con solo charla, algunos planos coloreados y muchos gestos, pero fue una gesta para no olvidar ya que fuimos felicitados por todos, incluso por el alcalde. Una velada para la memoria de nuestra historia común.

– Al rato, apareció una linda muchachita de unos dieciocho años que, acercándose a Marisa, nos sonrió y le dio un abrazo enorme a la vez que le preguntaba e informaba: «Papá está aparcando, pero ¿qué te han dicho abuela?»

Marisa, antes de contestar, hizo el gesto de despedirse de mí, pero yo giré la cabeza como hacía mi querido Roque (el caniche más guapo que jamás nadie haya conocido) en señal de extrañeza y de «yo también quiero saber». Ella me miró, sus ojos se pusieron como cristal de ventana exterior en días de lluvia, bajó la vista y nos lo contó tras varios segundos de un largo silencio: «Es más que probable que tenga un cáncer de pulmón y es, también probable que esté en un estadio II ó III».

– Su linda nieta estalló en llanto sin poderlo evitar y se marchó en dirección a los aseos cuya puerta estaba a escasos metros de nosotros. Ella (Marisa), se levantó como pudo de su silla de ruedas, me miró y se abrazó a mí como si fuera la última vez que fuera a hacerlo. Noté que estaba llorando y yo no quería soltarla y no lo hice hasta que a los pocos minutos apareció un altísimo y bien plantado cincuentón, que me la arrebató mientras le decía a Marisa: «Mamá, me lo acaba de contar Anita ¿cómo no nos has dicho nada antes?»

– Y así concluyó mi mañana de hoy dándome cuenta de cuan frágil, caprichoso y débil es el hilo que nos mantiene atados a la vida. Me apliqué para ello, para recordarlo, esa vieja frase de Benedetti, «Se es o no se es, no importa el día«.




@etarragó


Cuatro de mis mejores refugios


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