Mañana empezará a vivir

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21 octubre 2017

– Ella estaba ahí, enganchada al cristal, llorando a moco tendido, desconsoladamente. El yacía, ahí, detrás del cristal, en su cajita de madera, mostrando una cara que nunca tuvo, estaba sonriente.

– Él fue un déspota recalcitrante con ella y con todos. Es de los que andaba delante de su mujer un metro y medio y ella detrás, como un perrito. Nunca los vimos cogidos de la mano. Ella era de las que la noche anterior, con sus rulos puestos, le preguntaba si mañana irían a ver a los niños y él era de los que contestaba que “yoquecoñosé”. Ella estaba rendida, pañuelo en mano, frente a su urna y el maldito muerto dentro, pero estaba sonriente y nadie sabía por qué, solo ella.

– Era el hermano de Arturo, (el más viejo del equipo), y ahí estábamos todos.

– Yo, en voz alta, me preguntaba … Eso es amor, ¿verdad? y Leonor, (la siempre viuda), siempre atenta, me dice … No, Enrique, no, eso es la educación que nos dieron a las mujeres del ayer. Esta mujer mañana empezará a vivir, empezará a ser feliz, ya lo verás.  

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Dormir junto a los volcanes

 

20 octubre 2017

Las vivencias admitidas de mi etapa profesional en Lanzarote, en el 85/87, no son más que cuatro cuentos de las muchas que viví y nunca he contado. Algunas fueron sucediendo sin que supiera muy bien si llegaron a a ser ciertas.
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La excitación laboral era tal que nos movía  la sesera de modo que cuando llegaba algún momento de reflexión, sentados en alguna mesa del comedor de los obreros, donde solíamos comer y cenar todo el equipo, cada uno contaba sus historias al amparo de la última copa, alimentando cierta irrealidad a sus cuentos. Todos hablaban de lo que no tenían, hablaban de sus niños, de sus amores, hasta de sus padres y de todo aquello que les molestaba no haber usado bien con anterioridad. Parecía que había un pacto oculto en que esas charlas nunca deberían trascender, se contaron cosas tremendas, íntimas, duras, incluso crueles y algunas muy misteriosas . Nadie se reía, todos habían vivido cosas muy extrañas.
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Una madrugada, tras debatir las reflexiones sobre las cuestiones laborales del día, les conté lo que me había sucedido en mi último viaje a la península y me gané el premio de la noche:
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Les contaba que estando sentado en la sala de espera del pequeñísimo y coqueto aeropuerto isleño Lanzaroteño, vi a un enorme guanche, mas o menos de mi edad, ya no era un crío, de pelo medio  rubio y cara morena que sentado en el banco que había junto al cristal que separaba las vista del interior hacia la pista de aterrizaje, tenía sus manos puestas en el cristal mientras parecía no poder evitar que unas casi imperceptibles lágrimas le cayeran por sus mejillas.
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Los viajes desde Lanzarote hasta Alicante, uno por semana, eran, en aquella época, largos y con varios transbordos, (Lanzarote, Las Palmas, Madrid, Alicante – Alicante, Sevilla, Las Palmas, Lanzarote), y eso te permitía leer, preparar los informes, hacer las relaciones valoradas, las certificaciones de obra y hasta observar a todo el mundo que se movía a tu alrededor.
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Me acerqué hacia el guanche y le pregunté, tras ciertos titubeos y mientras valoraba la oportunidad de hacerlo, si le pasaba algo. Sin dejar de posar sus manos en el cristal me dijo, tras tres o cuatro largos segundos que parecieron una eternidad: “Ella se ha ido, me dejó, dijo que volvería. Pusimos nuestra manos en cada lado del cristal, allá las suyas, acá las mías y nos dimos un beso a través del cristal mientras nuestras manos dejaban su huella en él.
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(No sé si fue exactamente así, o si a mi me lo pareció, pero así se lo conté a todos)
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Mas tarde, nos sentamos en la preciosa cafetería del aeropuerto y estuvimos charlando. Él me contó lo que la quiso y todavía no se explicaba como la dejó marchar. Me contó que eso había sucedido en el año 68, que vivieron tres semanas de amor encendido y puro, pero ella nunca volvió. Ella se casó en Marruecos con quien su padre le dijo y no la dejó regresar nunca a la isla de los volcanes. Nunca se escribieron, solo un amigo de ella, que vino de turismo y que vivía cerca de ella, en Chaouen, hace unos años, le dio algún mensaje que le permitió seguir viviendo. Luego me contó, en un alarde de prosa para recordar y que nunca seré capaz de hacerlo con exactitud, que ella murió, creía que de amor, hacia un año ya que se enteró gracias a su amigo de Chaouen, que vino especialmente a contárselo a él, hacía unas semanas, con un último mensaje de ella.
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“Desde entonces, desde que me enteré que había muerto,  vengo aquí cada día”
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– Y al ritmo de los aviones y sus emocionantes despegues, los anuncios de un nuevo “delayed” y el calorcillo de los tres o cuatro Tom-Collins que nos habíamos regalado, hicieron el resto. Él, mi amigo del aeropuerto, fue el primero que me habló de los restos de humedad  que hablaba Milanés en una de sus más bellas canciones …
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Esas fábulas, o cuentos, o realidades que nos contábamos en grupo, en soledad, ese grupo de compañeros alejados del mundo y en plenitud de vida, nos sirvieron mucho para apreciar lo que teníamos y que aún todos conservamos y quizás ahora, a nuestra edad, muchos más. Nunca olvidaré esas largas noches junto a los volcanes.

 

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Los Blogs de Enrique

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Dura rutina y feliz vida (II)

 
Imagen: Fred Boissonnas
 
19 octubre 2017  

Tenía un compañero en la oficina de Madrid que cuando yo llegaba, a eso de las ocho menos cuarto,  él  ya estaba allí y su teoría era que levantarse veinte minutos antes le ahorraba cuarenta y cinco minutos de atasco. Luego, a partir de las nueve, cuando ya llegaban todos, el mundo dejaba de existir y se convertía en la sala de los horrores … prisas, horarios incumplidos, chicas pintándose los labios frente al ordenador, otra llamando a “mamácomoestáelniño“, ellos en la máquina del café arremetiendo contra el ayuntamiento,  y los más en su mesa preparando su rutinaria y estresante vida laboral del día, bajo la atenta mirada de un Jefecito cabrón que les exigía lo que nunca tendrían terminado. Cuando volvía a mi Taifas local, les contaba a mis colaboradores eso de lo bueno que es ser cabeza de Ratón antes que cola de León, como mil veces me ofrecieron serlo y nunca quise. Tiempos profesionales felizmente vividos, unos, y aun más felizmente olvidados, los de mis compañeros de Madrid.
 
Pasó el tiempo y un esperado, y temido, diagnóstico clínico acabó con mi feliz estancia en el querido mundo profesional, siempre local, y me mandó a esa otra parte del mundo que la mayoría creemos desconocer, sí, me mandó al dique seco profesional y laboral para que, gracias al cuál,  descubriera que la vida, la verdadera, había estado, siempre,  en otra parte.
 
Viernes, peluquería,  restaurante, larga noche y fiesta. Sábado, lectura y cine. Domingo, enanos, comilona y risas. Lunes vida en La Huerta. Martes Mercado. Y así día a día,  hora a hora, la vida pasa, ahora, a una velocidad de vértigo. Antes la vida me devoraba, ahora la devoro como si se tratara de un dulce masaje en la eternidad del espacio que me queda por vivir. Algo ha cambiado: Ahora disfruto de la vida, antes me consumía con ella.
 
 
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Ella, Él y El Timoshenko

Bianca Passarge a los 17 años ensayando su rutina-performance sobre botellas de vino vacías. La fotografía es obra de Carlo Polito y fue tomada en Junio de 1958.

18 octubre 2017

– Ella siempre hizo que lo difícil fuera posible y lo imposible una majestuosa realidad.

– Él era un muchacho torpe para la conversación, algo desgarbado, algo alelado para las cuestiones pícaras y gran amante de un romanticismo que, sin embargo, nunca había conocido.

– Ella le conoció en un lugar de culto bibliotecario, hoy desaparecido, donde Él andaba perdido buscando el dichoso libro de Timoshenko sobre resistencia de materiales.

– Ella se le acercó, con gesto coquetamente medido y atrevido, y le preguntó: ¿Te puedo ayudar?

– Él, ante tan descomunal y linda chica, enrojeció primero y tragando saliva y sin mirarla a la cara, en un puro y casto gesto de quien aún no conoce la maldad, con voz balbuceante contestó: “Busco …”

– Ella, en un gesto aún más atrevido que el de su presentación ante Él, le apretó suavemente la mano y le dijo” “Déjame que te ayude, yo soy experta en este tipo de búsquedas, trabajo aquí”.

– Él, absolutamente desbordado, no pudo ni contestar, se atrevió a levantar la vista y los ojos burlones de Ella se clavaron en los de Él como los del Angel que salva un alma perdida,  y Él creyó desmayarse pues algo nuevo se cruzó en la máquina de sus sentimientos, algo desconocido invadía su ánimo. Se creció, se repuso y le dijo con voz casi inaudible: “Bueno”.

– Seis años mas tarde Ella y Él, esos personajes favoritos de mi incógnita memoria, se casaron en un bello lugar cerca de su cielo y hoy, más de cincuenta años después, siguen recordando aquella escena que les hizo iniciar el cauce de su inmensa y eterna  felicidad.

– ¿Aun te acuerdas le dice Ella? – Claro, siempre le contesta Él cada vez que Ella le recuerda algunos de esos pasajes de su vida y de sus múltiples escenarios donde vivieron y viven su mundo … el suyo.

– Ella siempre fue la culpable de conseguir lo imposible … me dijo Él.

enriquetarragófreixes



 

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Atiéndeme

17 octubre 2017
 
Siempre hay frases que tropiezas con ellas y hasta parece que alguien te las ha puesto sobre la cuerda de la indefensión más manifiesta. Son esos momentos para ser sensible los cuales los hay y muchos. Hoy me ha tocado a mi, con un humeante café y una copa de un  imaginario  Marie Brizard sobre la mesa. …
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nosotros
que fuimos tan sinceros
que desde que nos vimos
amándonos estamos
nosotros
que del amor hicimos
un sol maravilloso
romance tan divino
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Ejemplos hay donde aprender a saber apreciar la vida

16 octubre 2017

– Iban cogidos de la mano, reían, alborotaban.

– Detrás unas jóvenes madres acababan cualquier gracia que el grupo de alborotadores iba creando.

– Delante de todos ellos iba un monitor, un joven muchacho treintañero, que les iba lanzando sugerencias, movimientos gimnásticos y algún cántico de viejas y conocidas canciones dedicadas al mundo infantil.

– Más atrás, una mujer muy mayor, andando con dificultad, sollozaba al consuelo de una joven madre que la cogía del brazo intentando consolarla.

– Yo, maravillado, observaba el bullicio infantil, el acompañamiento materno de esas jóvenes chicas del buen hacer maternal del NO TE RINDAS, y la desconsolada tristeza de la abuela.

– Observaba lo felices que podemos ser, simplemente, agradeciendo a la vida lo que tenemos, lo que podemos hacer para no rendirnos nunca y … lo solidario que puede ser sentirme como uno de ellos … y sin saber muy bien por qué me fui hacia la más tardía  mujer de esa bella expedición y le dije: ¿Usted me permite?

– La mujer me miró con cara de sorpresa al igual que la joven que la tenía cogida por el brazo y entonces, como si una extraña razón nos uniera, proseguí en mi intento y cuando iba yo a decir algo … no pude, pero me acerqué aún mas y le di un fuerte abrazo … a las dos.

– La vida es la que se nos da y como se nos da … saberla aprovechar es cosa nuestra y sólo nuestra.

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enriquetarragófreixes



 

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Comenzando a desvariar … ¿Vida Eterna?

Taka Mayumi

Fotografía de Taka Mayumi

15 octubre 2017

Vivir eternamente, ¿por qué no?

Hay quien piensa que ya he comenzado a desvariar cuando lo digo, pero lo cierto es, ahora que no me oye casi nadie, que a mi no me importaría nada tener que “sufrir” tal desgracia. Morir, querer morir, esa sí es una mala frase.

¿Vivir para qué, Enrique? – ¿Quéeee? – Quitárselo de la cabeza a quién lo diga una sola vez, enseñarles a vivir, por favor daros prisa, hay tanto por hacer …

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