Amablemente

04 julio 2010    –    04 julio 2016

Resulta que aunque tomes dos copas, ninguna de más, cuando sales de noche, las cosas siempre se ven de otra manera. “Me da miedo – dice uno de mis compañeros de mingitorio mural – pensar como me verá la gente cuando voy por la calle, porque mira la rubia esa que está tan buena en la primera fila, si la vieras por la calle te llevarías una gran decepción: Está mas arrugada que una chufa” – “Pero no seas pedazo de cabrón”, le dice uno que estaba con el peine en las cejas y que si se le nota lo de las tres copas, ¿como te crees que estás tú, Abundio? – Y el tal Abundio, muy serio le contestó; “No te enteras Fede, ese es, exactamente,  el miedo que tengo, me da miedo que me vean por la calle la gente de aquí, que me vean como a la rubia, echo una pasa”. Entonces el Alcalde, que estaba en el “mural” de al lado, dice: “Fotre, con la crisis que hay y estos dos tan felices con su cara de pasa”.

Y es que nada es tan importante como estar bien con uno mismo. Yo estoy gordo, pero contento, me animo yo a mi mismo soltándome frases así. Pero, claro, la fuerza interior se desmadra si estás en buena compañía y la charla del viernes noche, que trató sobre “La importancia de hacer ejercicio a los 60”, fue una charla con buena gente. Pedro se hace 12 km al día a sus 66 y viene de bajarse mas de 25 kg en la báscula. Es todo un ejemplo, él canta y baila como nadie, pero puesto a conferenciar es un portento. El viernes noche le descubrí y eso que llevamos mas de diez años acudiendo a las mismas “noches locas”, justo en la mesa de al lado. Su mejor párrafo/consejo fue: “Me paso de andar todos los días pues así me puedo pasar un poquito los fines de semana con la cervecita, alguna copita y ……”

Tienes, a veces, el dulce ante tus ojos y no somos capaces de verlo.  La noche se hizo larga, muy larga, unos hablaron más y otros menos, pero todos lo hicieron y hasta se les veía a gusto, bueno todos NO, pero eso ya lo cuento otro día.

Mientras meditaba sobre todo lo que me habían contado y hablado, durante la larga noche del viernes, Jaime, el culpable del ruido, me regaló, oportunamente, una de las mías cuando ya el fuego de la noche estaba en sus cenizas:

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Acerca de etarrago

""Grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y necesito, al menos, creer en mi protesta""" (Albert. Camus)
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